Tres son los que esperan. Los nuevos, los que caminan y pasean. Los que buscan ese espacio al que nombrar, desde el que todos piensan, desde el que muchos rezan, y desde el que algunos su incipiente anhelo esconden, ante esta nueva espera. Esa ambigua nueva, que no sabe si corta o larga, que no sabe si buena o mala, pero en la que seguro al final lo desconocido aguarda, le espera. A otros esto inquieta, los que caminan pero no pasean. Los que miran sin mirar, los que resoplan sin aire encontrar, y que buscan y buscan a sabiendas de nunca encontrar. Generosa y nerviosa es la forma en que caminan, en la que como siempre hasta la salida llegan, pero todos ellos sin excepción alguna, de nuevo sin marchar en sus días quedan. Hacia afuera piensan y hacia adentro inquietan. Y esa es la duda que a los seguros no molesta, los que no caminan pero sí que piensan. Los que en su conocido espacio aguardan, ante la sabida que no nueva, pero tampoco vieja. Ante lo que siempre ha sido, tanto para los nuevos como los que inquietan. Pero, ¿sobre cuanto habla el siempre, y sobre cuanto el nunca miente? Al poco todos ellos marchan, hacia ese camino, nada nuevo en modo alguno, pero en el que a todos les aguarda, una nueva espera.
De nuevo un comprimido de evasión, el atletismo y sus capítulos. Aprovechando la creciente demanda de promos de canal en alta definición, y recién llegado un extenso compilado de imágenes de las olimpiadas de Londres 2012, decidí sacar adelante una de nuestras primeras promos realizada íntegramente en dicha resolución. Además supe que en continuidad necesitaban nuevas piezas, de las cuales alguna debería superar el minuto de duración, para poder convertirse en ajuste de canal, cómo es el caso de una promo que realicé hace unos años llamada Vela - The Ocean. Así que consideré que era el mejor momento para hablar sobre ese viaje que en mi opinión, todo atleta de primera completa a lo largo de su vida profesional.
Un camino que empieza por un fuerte anhelo, un ferviente deseo para el cual se prepara durante varios años con esfuerzo, sacrificio y constancia. El primer capítulo engloba ese tiempo de preparación de forma abstracta, al fin y al cabo se trata de algo que visualmente sólo podía transmitir de forma emocional. Miradas que acechan y pensamientos que inquietan, ambos recorren hipotéticos resultados y fotografías de algo que está a punto ocurrir, eso sí, todo reflejado bajo la calma ante una tempestad. El verdadero camino, a mi juicio lejos de quedarse en una simple competición a ojos del espectador, supone un viaje personal a través de nuestros verdaderos protagonistas, y su móvil conductor. Una ráfaga que nos transmite el incipiente vértigo ante algo desconocido, nos hace llegar al siguiente capítulo: instante.
Aquí empieza a desarrollarse el lenguaje establecido en el anterior capítulo. Fotografías con leve movimiento se intercalan con imágenes fijas, de modo que el espectador puede entretenerse con un doble juego: el de admirar instantes precisos, así cómo el de ir buscando el movimiento entre plano y plano. Pensé que sería una buena forma de mantener al espectador atento a este viaje tan personal, con el objetivo de que cada uno pudiera llevárselo a su terreno, y hacerlo suyo. Acciones, gestos, aciertos y errores, todo queda fotografiado y plasmado sobre las notas de On the nature de Max Ritcher. Y justo en el punto más álgido del tema musical, cuando creemos haber contemplado tal cuerpo en su totalidad, la partitura se revisa, crece y matiza con novedad para conducirnos al siguiente tramo del el camino, y a la vez el más complejo y discutido entre nosotros: euforia.
Euforia (palabra con lexema de origen griego, así como el origen de las olimpiadas), fue la decisión más cuestionada en el equipo. Yo necesitaba resolver dicho instante antes de concluir nuestro viaje, y una palabra que englobara tanto el resultado de aciertos como de errores. No obstante, que al mismo tiempo pudiera ser debatida, cómo si de una conversación sobre resultados se tratara. El nombre de este tercer capítulo, es una palabra que usamos comúnmente para expresar un nerviosismo fruto de una cadena de acontecimientos positivos y/o acertados que a uno le hacen sentir extasiado para bien. Sin embargo, la definición de euforia tiene dentro de si misma una especie de antónimo, sin llegar a serlo del todo. Y es que por otro lado puede significar la aceptación de una gran derrota, o de una cadena de acontecimientos negativos. Es aquí dónde encontré la forma de resolver emocionalmente aciertos y errores sobre un mismo instante. Pero aún me quedaba una cosa más, lo que yo entendía como resolución de dicho estado. Y aquí decidí: eternidad.
Nuestros atletas recorren un viaje que empieza en el deseo hasta llegar a la eternidad. Eternidad nos habla sobre lo que hace historia, sobre eso que marca un antes y un después y por consiguiente dura para siempre. El atletismo hace historia, y lo hace en las olimpiadas, esa es la razón de integrar entre todas esas fotografías en movimiento, los aros olímpicos justo antes de llegar al final. Un último texto nos enseña donde podemos ver esa historia, ese largo e intenso viaje, y que en parte lo hace posible: Tdp.
"La guerra de la autodestrucción estalla llena de rabia y odio. Todo está lleno de sangre y de dolor". Guerra, war, guerre..., y la interpretación de Wolfgang Miterer. Si la propia voz del artista resulta al mismo tiempo que penetrante, invocadora y envolvente, espera a escuchar su visión sobre la guerra para El Somni de Franc Aleu.
El artista, voces de ópera y un inmenso teclado. Todo transcurre entre caos y armonía en el Palau de la Música de Barcelona, pero no sin la violencia plástica fruto del imaginario del realizador. El David de Michelangelo se hace añicos y la sangre brota por doquier, en la ópera en 12 platos que se prepara en El Celler Can Roca. #Rocalabs #elsomni #somiardespert @el_somni @CanRocaCeller @francaleu
"Adonis muere, las campanas lloran y el aire se llena del olor de la piedad... Ástrid contempla el cadáver con la mirada de la compasión".
En la imagen una parte de la línea de tiempo, tremendamente laboriosa, no obstante seductora al mismo tiempo que encantadora. Lasciatemi Morire (obra original de Monteverdi), ahora revisada y compuesta de nuevo por Bernat Vivancos e interpretada por Latvian Radio Choir junto a un cuarteto de violonchelos.
La iglesia y los artistas; 6 tomas de 16 minutos; 3 cámaras por cada una. Un fantástico directo por todas ellas, plagado de matices, calmas y tensiones distintas. Únicas. Y todas ellas con el destino de una sola pieza resultante de 9 minutos, revisada y concentrada. Montarla está siendo una maravilla, ando enfrascado en dosificar cada matiz sin perder su esencia total, y eso sí, respetando la imaginaria cadencia de la piedad ante la muerte.